LLUVIA DE SONDEOS

La incógnita de la fuerza de Albert Rivera y el voto útil a Ciudadanos

El presidente de Ciudadanos en el acto celebrado en Luxemburgo. (Foto: Twitter/@albertrivera)
El presidente de Ciudadanos en el acto celebrado en Luxemburgo. (Foto: Twitter/@albertrivera)
Si unimos al desencanto ante los dos partidos tradicionales, las ganas de cambio, y el evidente hundimiento podemita, el panorama político para Ciudadanos se presenta muy prometedor.
El éxito de Ciudadanos y la debacle del Partido Popular en las elecciones catalanas fueron evidentes: 1.109.732 votos y 36 escaños para Ciudadanos frente a los 185.670 votos y 4 escaños que obtuvo el PP. Resultado: subidón en el partido naranja y abatimiento en el PP.



Aunque el triunfo indiscutible de Ciudadanos por ahora ha servido de poco en lo que se refiere a la gestión pública del gobierno de Cataluña. La superioridad numérica en escaños obtenida por los partidos independentistas impide que la formación con mayor número de votos y escaños pueda gobernar.

Naturalmente, este éxito empuja al partido de Albert Rivera a sacar pecho y a mirar el gobierno de España como un objetivo posible. Las primeras encuestas después de los comicios catalanes ya le colocaban en la tercera posición a nivel nacional por delante de Podemos. El barómetro de enero del CIS le colocaba en segundo lugar en intención directa de voto y a Albert Rivera como el líder más valorado. Algunas recientes encuestas colocan a Ciudadanos por delante del PSOE e incluso le colocan a la cabeza del mapa político adelantando en intención de voto al mismo Partido Popular.

Extrapolar los resultados de las elecciones catalanas de diciembre al ámbito nacional sería un disparate.  Las elecciones autonómicas no son como las generales y las catalanas lo son todavía menos. Es muy probable que el votante no independentista viera en Inés Arrimadas el voto útil, lo que llevó al constitucionalismo en Cataluña a votar a Ciudadanos

A nivel nacional para el votante constitucionalista-centrista-liberal-conservador, el Partido Popular ha representado hasta ahora el voto útil, para conjurar una posible victoria frente populista encabezada por Podemos. Pero si las sucesivas encuestas siguen encumbrando al partido de Albert Rivera es muy probable que en la percepción del votante vaya calando la idea de que ahora el voto útil del espectro político citado se traslade del PP a Ciudadanos.

Si unimos esto al desencanto ante los dos partidos tradicionales, las ganas de cambio, y el evidente hundimiento podemita, hace que el panorama político para Ciudadanos se presente muy prometedor.

Hasta aquí el lado bueno de la balanza. En el otro se me antoja que el partido naranja lo tiene muy complicado en cuanto a la tarea pendiente de ir fraguando sus señas identitarias. Nació en Cataluña como Ciutadans, partido constitucionalista para frenar los excesos del independentismo catalán. 

Luego, convertido ya en Ciudadanos se presentó a las elecciones europeas de 2009 integrado en el movimiento conservador Libertas promovido por el  irlandés Declan Ganley, apoyado por Lech Walesa, y cuya cabeza de cartel en España fue Miguel Durán. Más tarde se entablaron serias conversaciones con la UPyD de Rosa Díez con la apariencia del deseo de fusionarse ambas formaciones, pero no llegó a cuajar.  En esta ocasión con fortuna para Rivera y desgracia para Díez cuya UPyD prácticamente ha desaparecido.

Durante el placentero año que estuvimos sin gobierno intentó primero un acuerdo con el PSOE de Pedro Sánchez, para finalmente, una vez fracasada la investidura del socialista, prestar su apoyo a la de Mariano Rajoy. Este apoyo ha servido a la izquierda para presentarle como una marca blanca del PP, lo que no ha sido óbice para que el PSOE se deje apoyar por Ciudadanos en gobiernos como el de Andalucía. 

Para desmarcarse de semejante acusación se presenta como adalid de la lucha contra la corrupción de los partidos. Ésa parece ser hoy en día su principal seña de identidad. Pero si quiere llegar a gobernar España con eso no es suficiente.

Según comentan los analistas políticos, su mayor caladero de posibles apoyos está en los votantes del PP, pero también recibe intenciones de voto entre antiguos votantes del PSOE e incluso de Podemos. De aquí el espectáculo de contorsionismo que está ofreciendo últimamente: apoyo a la oposición para la derogación de leyes aprobadas por el PP, como la Ley de Seguridad Ciudadana; propuesta de la aprobación de la gestación subrogada (vientres de alquiler)… por un lado; por otro, propuesta de sanción a los homenajes a los etarras, equilibrios con el tema de la prisión permanente revisable… En fin, si se inclina hacia un lado se le irán los apoyos del otro, y viceversa.

Lo dicho, lo tiene muy difícil y los votantes también para saber para qué va a servir finalmente su voto.
 

- Juan Araluce Letamendía es presidente del Consejo Editorial de   y de la alianza Media World de Periodismo de Calidad.

Comparte esta noticia

COMENTARIOS