EL DEBATE

La guerra comercial de Donald Trump, mito o realidad

Las medidas y contramedidas ya tocan a Estados Unidos, China y la Unión Europea. (Foto: @realDonaldTrump)
Las medidas y contramedidas ya tocan a Estados Unidos, China y la Unión Europea. (Foto: @realDonaldTrump)
¿Verdaderamente tiene Donald Trump razones verdaderas para desatar la guerra comercial? Lleva al mundo a una escalada de aranceles con seguridad nacional y subvenciones como argumento.
Los medios internacionales han bautizado como “guerra comercial” la ofensiva proteccionista de Donald Trump, acciones que no deben sorprender, ya que desde sus inicios de campaña política ha venido predicando la frase “Hacer América grande otra vez”.

La posición refleja el endurecimiento económico del inquilino de la Casa Blanca de gravar con un 25% a la importación de acero y un 10% al aluminio, dos renglones claves de la industria del metal de Estados Unidos. Estas acciones son parte de una estrategia comercial de resguardar y darle incentivos a los estados norteamericanos tradicionales productores de metales como Ohio, Pensilvania, Virginia y otros de la Unión. Han sido golpeados y sus industrias paralizadas por la competencia internacional, teniendo en muchos de los casos que cerrar sus plantas y echar a sus empleados a la calle.

Lo mismo ha sucedido con las minas de carbón donde el mandatario estadounidense ha ordenado la reapertura de las explotaciones y excavaciones del conocido mineral. Trump sabe muy bien que todo el mundo apunta hacia el mercado norteamericano como el más lucrativo y seguro. Qué Trump empiece por China es una estrategia comercialmente lógica porque la mayor parte de las exportaciones chinas van al mercado norteamericano que es su nicho preferido.

Que China responda con la misma fórmula gravando con un 25% a 659 productos como los automóviles y productos agrícolas norteamericanos, eso era de esperar. Las pérdidas estimadas de China con las medidas de Trump se calculan en 200.000 millones de dólares.

Sin embargo, la experiencia ha demostrado que estas medidas proteccionistas son coyunturales y responden a una situación de mercado en economías desarrolladas. El pensamiento de la trumpo-economía no es improvisada;  por eso usted ve que una vez llegado a la Casa Blanca suspendió la participación de Estados Unidos en el Acuerdo Transpacífico de Comercio y Cooperación que integraban 12 países, que ahora son 11 y conocido por sus siglas de TPP. Sin embargo, la estrategia del Trumpismo económico, no es rígida ni mucho menos divorciada de la realidad del comercio global. Ya el propio mandatario designó una comisión para que estudie de nuevo la conveniencia o no de regresar al TPP.

Con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que comparte con sus vecinos canadienses y mexicanos, Trump mantiene una negociación de fuerza y flexibilidad. Hasta que no consiga su objetivo de tener una mayor participación de componentes de origen norteamericano en la industria de fabricación de automóviles, Trump no cedería en su posición negociadora, aunque - sin pretender abandonar - el importante convenio tripartido, como en sus inicios insinuaba como parte de su presión y estrategia negociadora.

A Trump le favorece actualmente disfrutar de una economía floreciente y en pleno empleo. El hecho de tener una economía con un 3.9-3.8% de desempleo, lo que es lo mismo pleno empleo, favorece al magnate neoyorquino en sus objetivos políticos y comerciales  de corto y mediano plazo y mirando éste a las elecciones de medio término del  6 de noviembre próximo donde está en juego 1/3 del Senado y 435 miembros de la Cámara de Representantes que serán elegidos en esa fecha.

Hay quienes opinan que como va la economía en EE. UU,, irían en gran medida los resultados de noviembre. ¡Saque usted sus propias conclusiones!

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